Contaba entonces treinta y tres, la de Cristo, justo la misma que tenía su jefe cuando ella comenzó a trabajar en su empresa. Hay quien díría que de aspecto atractivo, guapita, dirían otros, ¿pero quien decide cómo debe ser la belleza? De mediana estatura para su generación, con el cabello largo, rubio ceniza y el deseo constante de hacerlo domable, que aunque por mucho que ella quería no conseguía librar batalla a la genética, jamás lograba vencer ese pelo demasiado liso para su particular estilo. Los ojos eran de un tono indefinido, -tienes los ojos del color de tu pelo!- le decía siempre su amiga Piluca y ella coqueta, siempre sonreía, como queriendo decir -"eso es que tienen un tono especial"-
Alegre cuando podía, deseaba a todo el mundo los buenos días al llegar a la oficina y comenzaba de forma metódica cada una de las pequeñas tareas rutinarias, siempre por el mismo orden, para no olvidarse de nada, hasta ocupar su mesa de trabajo.
Isabel su compañera más cercana , una mujer nueve años mayor que ella, con la vida resabida, curada de espanto, de vuelta de casi todo, aparentemente muy abierta de mente, pero poco en obra, soltera y con el gesto contínuo en su rostro de "hoy tengo un mal día". Habitualmente llegaba más tarde que ella, pero hoy no. Tenía que ceder su puesto de trabajo en breve, había decidido cambiar de vida, se iba a convertir en funcionaria del estado. Había aprobado una oposición que preparaba desde hacía meses en silencio. Ni siquiera lo había compartido con Laura, cuando ella lo supo, de forma fortuita por un desliz verbal que Isabel cometió, se interesó por el futuro de su compañera y por qué no decirlo por el suyo propio. Estaba tan habituada a ella desde hacía siete años, que no podía imaginar esa plaza ocupada de forma inminente, por otra persona. Se preguntaba qué pasaría a partir de entonces, sería difícil trabajar con alguien por ahora desconocido o tal vez no. A Laura siempre le habían preocupado los cambios, lo nuevo, lo que estaba por llegar. En cierto modo, se sentía responsable del futuro del departamento, era hasta hoy la empleada de mayor antigüedad, lo cual la dotaba de ciertas prioridades y tal vez alguna consideración frente a los demás. Algo que despertaba en Isabel, más reciente su llegada a la empresa pero no por ello menos eficiente y responsable, ciertos celillos profesionales.
2 comentarios:
Muy interesante...tiene continuidad??? me gustaría saber cómo se desarrolla la historia.
¿Es de amor, de desilusión, de monotonía, de superación profesional? de todo a la vez?
Estaré pendiente...
Besos.
Ah! Qui lo sa??
La primera intención era darle continuidad, pero de las dos neuronas que tengo una está de vacas y la otra es incapaz de vomitar nada sola.Así que dame un poco de tiempo "por fa" a ver si se me ocurre algo.
Bueno me voy a hacer yo también las maletas "que me he turnao" con la neurona curranta y en cuanto vuelva el que se va soy yo.
Besos.
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