Un golpe y el consecuente rasguño recibió la alisada pared del salón de Laura cuando lanzó uno de sus zapatos al llegar a casa. Tenía que descargar la rabia contenida que llevaba dentro. A estas alturas no podía comprender cómo había sido tan pardilla, cuánta confianza traicionada durante... ni siquiera se atrevía a hacer pronóstico, un año? dos tal vez?
Cada vez recobraba más fuerza en su cabeza la idea de que a Joan le "había venido de perlas" el ascenso de ella. Era el plan perfecto, con la partida de Laura podría disfrutar ya de su iniciado romance protegido de cualquier situación arriesgada y además le serviría también para consolidar la relación paralela. Menudo Cobarde!, pensó -te quisiste asegurar tu "futuro sentimental" y yo aquí rechazando cada una de las oportunidades que han surgido en mi vida, si seré imbécil! se dijo. Con las veces que habremos hablado esto: los dos llevaríamos mal la mentira en nuestra relación , por lo tanto lo mejor era hablar en todo momento. Pero no, eso no se estaba dando en los últimos años... Ambos habíamos adoptado una postura cómoda frente a la misma y poco a poco creamos más y más distancia, pero joder, joder!! Gritó.
Se despojó de su atuendo, sin prestar atención de por dónde iba dejando cada una de las prendas de las que se liberaba, algo bastante inusual en ella por lo metódica y ordenada que era . Abrió el grifo de la bañera. Preparó un improvisado gin-tonic y se metió en la misma con su teléfono inalámbrico en la mano, necesitaba un relajante baño y un poco de alentadora conversación.
Al otro lado del hilo telefónico se topó con el constestador automático del que pretendía fuera su interlocutor.
-Fran llámame cuando puedas, por favor necesito hablar contigo. Estoy indignada. Sólo alguien como tu me podría entender... Joan me ha engañado. Un beso, le dijo.
Paradójicamente esa noche, todavía en la bañera, Laura se sumió en un profundo y placentero sueño que la hizo descansar hasta las tres de la madrugada, hora en que despertó y pasó a su dormitorio no siendo ya posible conciliar hasta casi la hora de levantarse.
Al despertar pensó en Fran -que extraño no me ha llamado. Debe estar fuera. No es habitual en él, lo justificó.
Era jueves por la mañana y no tenía más alternativa que atender cada uno de los compromisos que con suficiente antelación, le recordaba su repleta agenda. Esta vez con cierta apatía, actitud que por lo activa de su personalidad por otra parte odiaba, cuando en alguna ocasión la detectaba en los demás.
Quería empezar la mañana con el mejor sabor de boca. Se excusó durante las tres primeras horas en el despacho y rogó en el área de belleza del gimnasio una sesión completa de baño turco, chorros de agua fría, masaje y tratamiento corporal con cítricos y chocolate. Espacio que le concedieron por ser una buena y cotizada clienta. Con albornoz e infusión de flores en mano, se adentró en el spa -Quedaré como nueva, se dijo.
Mientras la embadurnaban longitudinalmente de los pies a la cabeza iba relajando tensión y paulatinamente comenzaba a sentir las refrescantes capas del preparado que le iban aplicando sobre la piel. Con los ojos cerrados, en posición horizontal, boca abajo y con la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado, se dejó llevar por lo primero que le llegó a su mente. Sin saber muy bién porqué le vino un pensamiento. Comenzó a recordar de forma muy agradable aromas que adoraba desde la infancia: el del pan o bollos recién hechos, el olor natural del coco, o el que se percibe al entrar en una papelería. Por unos instantes se transportó hasta esa época y rememoró lo largas que le parecían sus vacaciones estivales, las excursiones al río que algunos fines de semana realizaba con sus padres. Recordó el incalsable sonido de las cigarras...
La voz de la masajista la rescató de sus divagaciones invitándola a continuar con el siguiente ejercicio de belleza.
Cuarenta interminables horas tardó Fran en dar muestras de haber recibido la demanda de Laura. El viernes alrededor de las seis de la tarde, se presentó otra vez sin previo aviso en el trabajo de Laura. Dónde esta se encontraba ultimando apuntes en su agenda de las tareas pendientes para comienzos de la siguiente semana.
Con el consentimiento de Martina, la secretaria y sin que esta le anunciase, se coló en su despacho.
-Cómo estás, nena? le preguntó abriendo los brazos para rodearla mostrando una vez más el afecto que siempre había sentido por ella.
A Laura se le iluminó el rostro, cuando lo vió entrar.
-Hoy mejor. He estado pensando y creo que la única persona que más puede ocuparse de mí soy yo misma y he decidido empezar a cuidarme, respondió. Te he echado mucho de menos estos dos días.Te llamé. Dónde has estado?, añadió.
-Lo se. He estado atendiendo un montón de cosas. Pero como ves he venido en cuanto he podido.
-Ha ocurrido algo Fran?
-Nada que ahora sea más importante. Soy todo orejas, pero tengo que pedirte algo, por favor recoge tus cosas y acompáñame.
-Pero... estaba haciendo algo...
-Tienes que venir ahora, te lo ruego, insistió.
Por el camino, ya en el coche de Fran conversaron hasta su llegada al primer destino. Estaba lloviendo un poco, pero a pesar de ello no tuvieron dificultad durante el trayecto por la autopista. Laura bajó un poco su ventanilla, adoraba el olor a tierra mojada y ese airecillo fresco que entraba renovando el que hasta ahora habitaba en tan reducido espacio. Ella le contó cómo se había sentido en estos últimos dos días. Fran la escuchaba con atención tratando de no interrumpirla y cuando hallaba el momento oportuno le animaba a afrontar aquello con la fuerza que le constaba, pues la conocía bien, sólo ella tenía.
Continuaron en el coche durante algunos kilómetros más, Fran reguló el volumen del reproductor de cd y a continuación tomó la salida del autopista que conducía hasta el aeropuerto. Fué entonces cuando Laura reparó en que desde que habían salido del despacho, sumida en su relato, no había preguntado a dónde se dirigían y le interrogó.
-Me tendrás que perdonar porque esto es un secuestro en toda regla. Dijo él.
-Qué quieres decir? Se más explícito o no te voy a entender.
Fran sonrió antes de su réplica.
-Todavía más? le dijo. Es exactamente lo que acabo de decir Laura, vas a ser víctima de un pequeño y fascinante secuestro. Nos vamos a Estolcolmo.
-Cómo? exclamó ella. Pero si ni siquiera tengo equipaje...No puedes hacerme esto!
-Ya está todo organizado, incluida tu maleta, no te faltará nada.
La cara de Laura era un auténtico mar de impresión, no podía creer que le hubieran organizado algo sin que ella se hubiera percatado.
-Me puedes explicar cómo lo has hecho?, preguntó ella con risa nerviosa.
-Querrás decir hemos... Angeles y Martina me han ayudado. Yo me ocupé de organizar la reserva, ya sabes... billetes, hotel, etc. Pero la complicidad de Martina ha sido esencial, ella "te cogió prestada" la llave de tu casa y fué Angeles quien se ocupó de organizar tu maleta, ella conoce tus gustos...
-Pero si durante estos días no he echado de menos nada en mi vestidor. O quizá habeis sido capaces de hacer la maleta hoy mismo?
-Esta misma tarde para ser exacto. Lo demás lo organizamos con más tiempo, bromeó. Ayer comencé a buscar, movilicé a la gente y confirmé los vuelos, añadió. Pero hay un poco más, Angeles y Pau, vienen con nosotros espero que no te importe.
-Eres un auténtico crack! Todo bien con Pau? preguntó ella.
Pau era la pareja de Fran. Un joven de su misma edad, catalán profesor de esta misma lengua. De aspecto alternativo se podría decir, algo que Fran respetaba con total naturalidad y del que lo único que no soportaba era su apariencia extraordinariamente aniñada, parecía más un alumno de última generación que alguien de la suya propia. Hasta que se dió a conocer entre el alumnado, con frecuencia le confundían en el instituto.
-Creo que estamos atravesando un muy buen momento. Sabes que al principio nos costó más encajar. Sobre todo cuando convivíamos, pero desde que decidimos vivir separadamente, es cierto que lo llevamos mucho mejor. Es más, ambos pensamos que es nuestro estado ideal. Es una relación abierta, sin celos ni otros problemas y lo que es más importante le quiero y se que me quiere, le explicó.