Dos veces sonó el despertador antes de que Laura saltara de la cama. Esta mañana el cielo apuntaba todavía un azul plomizo que hacía pensar que el sol al menos en el transcurso de la misma, no haría acto de presencia.
Se metió en la ducha, cumpliendo con su metódico ritual matutino y sin tan siquiera secar su pelo lo anudó en una pseudo coleta para marcharse al gimnasio, de donde saldría después de su comprometida, (por propia imposición) tarea deportiva, perfectamente acicalada para llegar a su trabajo.
Hoy tenía la agenda a rebosar. Pero en lo profesional, lo más prioritario e inminente era reunirse con uno de los hasta hoy, mejores clientes de su empresa. No tenía muy buenas noticias para él y era a ella a quien le tocaba jugar ese papel. A estas alturas y contrariamente a como ocurrió cuanto le dió la bienvenida, sería "la mala" .
En tan sólo unos minutos este se presentó a la hora prevista y Martina le acompañó hasta la sala de juntas. Inmediantamente después acudió al despacho de Laura a quién anunció la visita concertada mientras le entregaba el histórico del cliente.
Laura no quiso hacer esperar a su cita y acto seguido entró en la sala.
-Buenos días, Sr. Selma.
-Muy buenos días Srta. Vidal aunque no es eso lo que parece que anuncie esta mañana.
-Me temo que es cierto, dijo Laura. Y en este momento, créame, me hubiera gustado haberle citado por otro asunto muy distinto del que dadas las circunstancias, nos ha obligado a llamarle.
Laura Vidal hizo una breve pausa antes de continuar y el Sr. Selma con el ánimo de aparentar serenidad, trataba de incorporarse sobre su asiento. Como si de esta forma lograra también una mayor atención a lo que continuaría escuchando.
-Como usted ya vendrá conociendo... En los últimos meses su empresa no ha cumplido con sus obligaciones de pago. Es más debe saber, que por nuestra parte hemos informado puntualmente de lo sucedido, además de haber concedido a ustedes los aplazamientos que por su parte nos fueron demandados. No habíendose atendido por otra parte, los nuevos vencimientos y obligándonos por ello a informar de esta incidencia a nuestra compañía aseguradora de cobros.
Laura iba documentando todo aquello cuanto explicaba a su cliente mientras desarrollaba su argumento.
-En este momento Sr. Selma- continuó diciendo, no tenemos otra alternativa que trasladarle la petición que hemos recibido de la ya mencionada aseguradora. Nos vemos en la obligación de comunicar a la misma la insolvencia de su empresa. Así como cerrar el crédito que hasta hoy mantenían con nosotros. Lo lamento Sr. Selma.
-Srta. Vidal, créame lo hemos intentado todo. Pero no es fácil para nosotros en este momento hallar la solución a este asunto, que me consta no es agradable para ninguna de las partes. En el último año nuestros ingresos se han visto mermados por circunstancias varias, que ahora no voy a mencionar. Ese ha sido el principal motivo. Siempre hemos satisfecho a nuestros acreedores, pero hoy nos resulta del todo imposible. Sólo me queda añadir que hagan ustedes lo que estimen conveniente. Tienen todo el derecho a tomar medidas. Yo también lo lamento-añadió.
-Me parece de lo más razonable su actitud y me alegra que lo entienda. Le deseo lo mejor para su empresa y toda la suerte para que puedan salir de esta situación lo antes posible. Obviamente sería lo más favorable. Ojalá entonces podamos reanudar nuestra relación comercial.
-Buenos días-replicó el Sr. Selma. De verdad que así lo espero y estamos trabajando para ello. Desearía entonces poder contar de nuevo con ustedes.
Laura despidió al empresario, con la amabilidad que acostumbraba y le acompañó hasta la puerta. Una vez sola y de vuelta a su despacho, respiró hondo. No era precísamente este tipo de asuntos los que disfrutaba haciendo y pensó: "no es esta la mejor forma de empezar un buen día".
Un tono de mensaje sonó en su aparato de teléfono móvil.
"Llegaré un poco antes de lo previsto, el avión adelantó su hora de salida, te llamo", decía Joan.
Un cosquilleo rebotó en el estómago de Laura, estaba nerviosa por verle -al menos esto me alegrará el día, pensó para sí.
Quince minutos faltaban para las siete cuando Laura comenzaba a ver por la puerta de la terminal de llegada, el contínuo borboteo de viajeros recien llegados. Hacía calor o quizá eso sentía ella, sería la ansiada espera lo que le hacía estar tan acalorada.
Por fin apareció Joan, llevaba el pelo un poquito más largo de como él solía tenerlo, engominado, peinado hacia atrás y estaba sensiblemente más delgado.
-Hola! le dijo Laura, e inmediatamente le abrazó y beso sus labios de una forma intensa pero retirándose inmedíatamente. A pesar del fuerte deseo que Laura tenía por verle, siempre medía ese tipo de gestos en público por ser extraordinariamente pudorosa.
-Cuánto tiempo ya, si podría decir que hasta te veo cambiado! Te noto un cierto aire más juvenil, continuó diciendo.
-Sí, verdad? Pero está bien. No?
-A mí me gusta, replicó Laura. Esto.. Joan, había preparado algo, pero has llegado un poco pronto, tomemos algo entre tanto, te llevaré a un sitio...
Dos aguas tónicas se interponían entre Laura y Joan, cuando este tras un gesto aparentemente sereno comenzó a hablar a su esposa.
-Laura, se me hace especialmente difícil contarte algo que hace tiempo te quería decir, espetó.
En ese momento ella prestó si cabe más atención y su cara expresaba una mezcla de curiosidad y alerta, como si de repente intuyera que algo de lo que iba a escuchar a continuación no le fuera a gustar.
-Verás sabes que el último año ha sido complicado. Llevamos mucho tiempo separados y yo no llevo bien la soledad. No quiero alargar esto más, pues últimamente se me hace muy difícil hablar contigo, las razones... alguna ya la conoces tu estás muy volcada en tu nuevo cargo pero además... Joan hizo una breve pausa , a mi me resulta tremendamente duro llamarte y cuando lo hago... en fin ... prefiero ser yo quien te ponga al corriente. Laura, seré breve, lo siento, añadió... He conocido a alguien.
El gesto de Laura se tensó por completo, en aquel mismo instante no creía ser ella misma la que estaba escuchando esto y por un momento pensó en levantarse de su asiento. El resto de su cuerpo era una fría, compacta y pálida roca. Parecía como si todas sus constantes vitales se hubieran esfumado de repente, dejándola sola ante una mesa de quirófano en mitad de una compleja intervención quirúrgica. No existía ante los demás y repentínamente sintió unas inmesuradas ganas de gritar. Contuvo la respiración, tomó un sorbo de su refresco hasta que pudo articular las primeras palabras.
-Eres un miserable! dijo al fin, con un tono mitad irónico mitad dulzón, sosteniendo a duras penas la voz. -No se si debería odiarte por ofrecerme este "memorable" regalo de cumpleaños.
-Laura yo... hubiera preferido no tener que...
-Déjalo Joan, sólo quiero que me digas cuánto tiempo vivo engañada, añadió.
-Preferiría no tener que contestar a eso. No creo que ahora sea necesario.
-¿Cuánto? exclamó.
Joan bajó la cabeza y Laura con aquello tuvo suficiente, había respondido al fin a su pregunta.