miércoles, 3 de octubre de 2007

La edad de Laura


Un golpe y el consecuente rasguño recibió la alisada pared del salón de Laura cuando lanzó uno de sus zapatos al llegar a casa. Tenía que descargar la rabia contenida que llevaba dentro. A estas alturas no podía comprender cómo había sido tan pardilla, cuánta confianza traicionada durante... ni siquiera se atrevía a hacer pronóstico, un año? dos tal vez?

Cada vez recobraba más fuerza en su cabeza la idea de que a Joan le "había venido de perlas" el ascenso de ella. Era el plan perfecto, con la partida de Laura podría disfrutar ya de su iniciado romance protegido de cualquier situación arriesgada y además le serviría también para consolidar la relación paralela. Menudo Cobarde!, pensó -te quisiste asegurar tu "futuro sentimental" y yo aquí rechazando cada una de las oportunidades que han surgido en mi vida, si seré imbécil! se dijo. Con las veces que habremos hablado esto: los dos llevaríamos mal la mentira en nuestra relación , por lo tanto lo mejor era hablar en todo momento. Pero no, eso no se estaba dando en los últimos años... Ambos habíamos adoptado una postura cómoda frente a la misma y poco a poco creamos más y más distancia, pero joder, joder!! Gritó.


Se despojó de su atuendo, sin prestar atención de por dónde iba dejando cada una de las prendas de las que se liberaba, algo bastante inusual en ella por lo metódica y ordenada que era . Abrió el grifo de la bañera. Preparó un improvisado gin-tonic y se metió en la misma con su teléfono inalámbrico en la mano, necesitaba un relajante baño y un poco de alentadora conversación.


Al otro lado del hilo telefónico se topó con el constestador automático del que pretendía fuera su interlocutor.


-Fran llámame cuando puedas, por favor necesito hablar contigo. Estoy indignada. Sólo alguien como tu me podría entender... Joan me ha engañado. Un beso, le dijo.


Paradójicamente esa noche, todavía en la bañera, Laura se sumió en un profundo y placentero sueño que la hizo descansar hasta las tres de la madrugada, hora en que despertó y pasó a su dormitorio no siendo ya posible conciliar hasta casi la hora de levantarse.


Al despertar pensó en Fran -que extraño no me ha llamado. Debe estar fuera. No es habitual en él, lo justificó.


Era jueves por la mañana y no tenía más alternativa que atender cada uno de los compromisos que con suficiente antelación, le recordaba su repleta agenda. Esta vez con cierta apatía, actitud que por lo activa de su personalidad por otra parte odiaba, cuando en alguna ocasión la detectaba en los demás.


Quería empezar la mañana con el mejor sabor de boca. Se excusó durante las tres primeras horas en el despacho y rogó en el área de belleza del gimnasio una sesión completa de baño turco, chorros de agua fría, masaje y tratamiento corporal con cítricos y chocolate. Espacio que le concedieron por ser una buena y cotizada clienta. Con albornoz e infusión de flores en mano, se adentró en el spa -Quedaré como nueva, se dijo.

Mientras la embadurnaban longitudinalmente de los pies a la cabeza iba relajando tensión y paulatinamente comenzaba a sentir las refrescantes capas del preparado que le iban aplicando sobre la piel. Con los ojos cerrados, en posición horizontal, boca abajo y con la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado, se dejó llevar por lo primero que le llegó a su mente. Sin saber muy bién porqué le vino un pensamiento. Comenzó a recordar de forma muy agradable aromas que adoraba desde la infancia: el del pan o bollos recién hechos, el olor natural del coco, o el que se percibe al entrar en una papelería. Por unos instantes se transportó hasta esa época y rememoró lo largas que le parecían sus vacaciones estivales, las excursiones al río que algunos fines de semana realizaba con sus padres. Recordó el incalsable sonido de las cigarras...

La voz de la masajista la rescató de sus divagaciones invitándola a continuar con el siguiente ejercicio de belleza.


Cuarenta interminables horas tardó Fran en dar muestras de haber recibido la demanda de Laura. El viernes alrededor de las seis de la tarde, se presentó otra vez sin previo aviso en el trabajo de Laura. Dónde esta se encontraba ultimando apuntes en su agenda de las tareas pendientes para comienzos de la siguiente semana.


Con el consentimiento de Martina, la secretaria y sin que esta le anunciase, se coló en su despacho.


-Cómo estás, nena? le preguntó abriendo los brazos para rodearla mostrando una vez más el afecto que siempre había sentido por ella.


A Laura se le iluminó el rostro, cuando lo vió entrar.


-Hoy mejor. He estado pensando y creo que la única persona que más puede ocuparse de mí soy yo misma y he decidido empezar a cuidarme, respondió. Te he echado mucho de menos estos dos días.Te llamé. Dónde has estado?, añadió.


-Lo se. He estado atendiendo un montón de cosas. Pero como ves he venido en cuanto he podido.


-Ha ocurrido algo Fran?


-Nada que ahora sea más importante. Soy todo orejas, pero tengo que pedirte algo, por favor recoge tus cosas y acompáñame.


-Pero... estaba haciendo algo...


-Tienes que venir ahora, te lo ruego, insistió.


Por el camino, ya en el coche de Fran conversaron hasta su llegada al primer destino. Estaba lloviendo un poco, pero a pesar de ello no tuvieron dificultad durante el trayecto por la autopista. Laura bajó un poco su ventanilla, adoraba el olor a tierra mojada y ese airecillo fresco que entraba renovando el que hasta ahora habitaba en tan reducido espacio. Ella le contó cómo se había sentido en estos últimos dos días. Fran la escuchaba con atención tratando de no interrumpirla y cuando hallaba el momento oportuno le animaba a afrontar aquello con la fuerza que le constaba, pues la conocía bien, sólo ella tenía.


Continuaron en el coche durante algunos kilómetros más, Fran reguló el volumen del reproductor de cd y a continuación tomó la salida del autopista que conducía hasta el aeropuerto. Fué entonces cuando Laura reparó en que desde que habían salido del despacho, sumida en su relato, no había preguntado a dónde se dirigían y le interrogó.


-Me tendrás que perdonar porque esto es un secuestro en toda regla. Dijo él.


-Qué quieres decir? Se más explícito o no te voy a entender.


Fran sonrió antes de su réplica.


-Todavía más? le dijo. Es exactamente lo que acabo de decir Laura, vas a ser víctima de un pequeño y fascinante secuestro. Nos vamos a Estolcolmo.


-Cómo? exclamó ella. Pero si ni siquiera tengo equipaje...No puedes hacerme esto!


-Ya está todo organizado, incluida tu maleta, no te faltará nada.


La cara de Laura era un auténtico mar de impresión, no podía creer que le hubieran organizado algo sin que ella se hubiera percatado.


-Me puedes explicar cómo lo has hecho?, preguntó ella con risa nerviosa.


-Querrás decir hemos... Angeles y Martina me han ayudado. Yo me ocupé de organizar la reserva, ya sabes... billetes, hotel, etc. Pero la complicidad de Martina ha sido esencial, ella "te cogió prestada" la llave de tu casa y fué Angeles quien se ocupó de organizar tu maleta, ella conoce tus gustos...


-Pero si durante estos días no he echado de menos nada en mi vestidor. O quizá habeis sido capaces de hacer la maleta hoy mismo?


-Esta misma tarde para ser exacto. Lo demás lo organizamos con más tiempo, bromeó. Ayer comencé a buscar, movilicé a la gente y confirmé los vuelos, añadió. Pero hay un poco más, Angeles y Pau, vienen con nosotros espero que no te importe.


-Eres un auténtico crack! Todo bien con Pau? preguntó ella.


Pau era la pareja de Fran. Un joven de su misma edad, catalán profesor de esta misma lengua. De aspecto alternativo se podría decir, algo que Fran respetaba con total naturalidad y del que lo único que no soportaba era su apariencia extraordinariamente aniñada, parecía más un alumno de última generación que alguien de la suya propia. Hasta que se dió a conocer entre el alumnado, con frecuencia le confundían en el instituto.


-Creo que estamos atravesando un muy buen momento. Sabes que al principio nos costó más encajar. Sobre todo cuando convivíamos, pero desde que decidimos vivir separadamente, es cierto que lo llevamos mucho mejor. Es más, ambos pensamos que es nuestro estado ideal. Es una relación abierta, sin celos ni otros problemas y lo que es más importante le quiero y se que me quiere, le explicó.









































































martes, 25 de septiembre de 2007

La edad de Laura

Dos veces sonó el despertador antes de que Laura saltara de la cama. Esta mañana el cielo apuntaba todavía un azul plomizo que hacía pensar que el sol al menos en el transcurso de la misma, no haría acto de presencia.


Se metió en la ducha, cumpliendo con su metódico ritual matutino y sin tan siquiera secar su pelo lo anudó en una pseudo coleta para marcharse al gimnasio, de donde saldría después de su comprometida, (por propia imposición) tarea deportiva, perfectamente acicalada para llegar a su trabajo.



Hoy tenía la agenda a rebosar. Pero en lo profesional, lo más prioritario e inminente era reunirse con uno de los hasta hoy, mejores clientes de su empresa. No tenía muy buenas noticias para él y era a ella a quien le tocaba jugar ese papel. A estas alturas y contrariamente a como ocurrió cuanto le dió la bienvenida, sería "la mala" .



En tan sólo unos minutos este se presentó a la hora prevista y Martina le acompañó hasta la sala de juntas. Inmediantamente después acudió al despacho de Laura a quién anunció la visita concertada mientras le entregaba el histórico del cliente.

Laura no quiso hacer esperar a su cita y acto seguido entró en la sala.


-Buenos días, Sr. Selma.

-Muy buenos días Srta. Vidal aunque no es eso lo que parece que anuncie esta mañana.

-Me temo que es cierto, dijo Laura. Y en este momento, créame, me hubiera gustado haberle citado por otro asunto muy distinto del que dadas las circunstancias, nos ha obligado a llamarle.


Laura Vidal hizo una breve pausa antes de continuar y el Sr. Selma con el ánimo de aparentar serenidad, trataba de incorporarse sobre su asiento. Como si de esta forma lograra también una mayor atención a lo que continuaría escuchando.


-Como usted ya vendrá conociendo... En los últimos meses su empresa no ha cumplido con sus obligaciones de pago. Es más debe saber, que por nuestra parte hemos informado puntualmente de lo sucedido, además de haber concedido a ustedes los aplazamientos que por su parte nos fueron demandados. No habíendose atendido por otra parte, los nuevos vencimientos y obligándonos por ello a informar de esta incidencia a nuestra compañía aseguradora de cobros.

Laura iba documentando todo aquello cuanto explicaba a su cliente mientras desarrollaba su argumento.


-En este momento Sr. Selma- continuó diciendo, no tenemos otra alternativa que trasladarle la petición que hemos recibido de la ya mencionada aseguradora. Nos vemos en la obligación de comunicar a la misma la insolvencia de su empresa. Así como cerrar el crédito que hasta hoy mantenían con nosotros. Lo lamento Sr. Selma.


-Srta. Vidal, créame lo hemos intentado todo. Pero no es fácil para nosotros en este momento hallar la solución a este asunto, que me consta no es agradable para ninguna de las partes. En el último año nuestros ingresos se han visto mermados por circunstancias varias, que ahora no voy a mencionar. Ese ha sido el principal motivo. Siempre hemos satisfecho a nuestros acreedores, pero hoy nos resulta del todo imposible. Sólo me queda añadir que hagan ustedes lo que estimen conveniente. Tienen todo el derecho a tomar medidas. Yo también lo lamento-añadió.


-Me parece de lo más razonable su actitud y me alegra que lo entienda. Le deseo lo mejor para su empresa y toda la suerte para que puedan salir de esta situación lo antes posible. Obviamente sería lo más favorable. Ojalá entonces podamos reanudar nuestra relación comercial.


-Buenos días-replicó el Sr. Selma. De verdad que así lo espero y estamos trabajando para ello. Desearía entonces poder contar de nuevo con ustedes.


Laura despidió al empresario, con la amabilidad que acostumbraba y le acompañó hasta la puerta. Una vez sola y de vuelta a su despacho, respiró hondo. No era precísamente este tipo de asuntos los que disfrutaba haciendo y pensó: "no es esta la mejor forma de empezar un buen día".


Un tono de mensaje sonó en su aparato de teléfono móvil.


"Llegaré un poco antes de lo previsto, el avión adelantó su hora de salida, te llamo", decía Joan.


Un cosquilleo rebotó en el estómago de Laura, estaba nerviosa por verle -al menos esto me alegrará el día, pensó para sí.



Quince minutos faltaban para las siete cuando Laura comenzaba a ver por la puerta de la terminal de llegada, el contínuo borboteo de viajeros recien llegados. Hacía calor o quizá eso sentía ella, sería la ansiada espera lo que le hacía estar tan acalorada.


Por fin apareció Joan, llevaba el pelo un poquito más largo de como él solía tenerlo, engominado, peinado hacia atrás y estaba sensiblemente más delgado.



-Hola! le dijo Laura, e inmediatamente le abrazó y beso sus labios de una forma intensa pero retirándose inmedíatamente. A pesar del fuerte deseo que Laura tenía por verle, siempre medía ese tipo de gestos en público por ser extraordinariamente pudorosa.


-Cuánto tiempo ya, si podría decir que hasta te veo cambiado! Te noto un cierto aire más juvenil, continuó diciendo.


-Sí, verdad? Pero está bien. No?


-A mí me gusta, replicó Laura. Esto.. Joan, había preparado algo, pero has llegado un poco pronto, tomemos algo entre tanto, te llevaré a un sitio...


Dos aguas tónicas se interponían entre Laura y Joan, cuando este tras un gesto aparentemente sereno comenzó a hablar a su esposa.


-Laura, se me hace especialmente difícil contarte algo que hace tiempo te quería decir, espetó.


En ese momento ella prestó si cabe más atención y su cara expresaba una mezcla de curiosidad y alerta, como si de repente intuyera que algo de lo que iba a escuchar a continuación no le fuera a gustar.


-Verás sabes que el último año ha sido complicado. Llevamos mucho tiempo separados y yo no llevo bien la soledad. No quiero alargar esto más, pues últimamente se me hace muy difícil hablar contigo, las razones... alguna ya la conoces tu estás muy volcada en tu nuevo cargo pero además... Joan hizo una breve pausa , a mi me resulta tremendamente duro llamarte y cuando lo hago... en fin ... prefiero ser yo quien te ponga al corriente. Laura, seré breve, lo siento, añadió... He conocido a alguien.


El gesto de Laura se tensó por completo, en aquel mismo instante no creía ser ella misma la que estaba escuchando esto y por un momento pensó en levantarse de su asiento. El resto de su cuerpo era una fría, compacta y pálida roca. Parecía como si todas sus constantes vitales se hubieran esfumado de repente, dejándola sola ante una mesa de quirófano en mitad de una compleja intervención quirúrgica. No existía ante los demás y repentínamente sintió unas inmesuradas ganas de gritar. Contuvo la respiración, tomó un sorbo de su refresco hasta que pudo articular las primeras palabras.


-Eres un miserable! dijo al fin, con un tono mitad irónico mitad dulzón, sosteniendo a duras penas la voz. -No se si debería odiarte por ofrecerme este "memorable" regalo de cumpleaños.


-Laura yo... hubiera preferido no tener que...


-Déjalo Joan, sólo quiero que me digas cuánto tiempo vivo engañada, añadió.


-Preferiría no tener que contestar a eso. No creo que ahora sea necesario.


-¿Cuánto? exclamó.


Joan bajó la cabeza y Laura con aquello tuvo suficiente, había respondido al fin a su pregunta.


















martes, 4 de septiembre de 2007

La edad de Laura

Martina entró en el despacho de Laura tras dar con sus nudillos en la puerta dos veces consecutivas, con la delicadeza que acostumbraba.

-Hola Laura, tienes una visita en la sala de espera. Dice que no estaba citado contigo, pero pregunta si te puede ver.

-Te ha dicho su nombre? -le preguntó.

-Sí, dice llamarse Fran Nebot...

-Fran? Por favor invítale a pasar.

-Fran, Dios mío! Dichosos los ojos! Laura saludó efusívamente al recién llegado con dos besos nada más verle y este le correspondió con la misma espontaneidad.


Fran era un chico de la misma edad de Laura. Se conocieron por mediación de Ángeles, cuando estaban en la facultad y aunque llevaban especialidades distintas, compartieron muchos ratos de biblioteca y alguna que otra juerga nocturna en su etapa de estudiantes. Incluso cuando empezaron para algunos de ellos los primeros compromisos laborales, continuaban viéndose, siempre que el tiempo les permitía coincidir.
Era un joven divertido, soñador, enormemente positivo, de esos que siempre ven la botella medio llena, extrovertido y de aquellos que trabajan sólo porque les gusta lo que hacen. Tenía un aspecto casi formal, con un cierto toque desenfadado, le gustaba estar a la última, cuidando siempre cada detalle, pero discreto, de esos que saben lo deben elegir para cada momento. Un chico delgado, con el torso curtido de gimnasio, pero en su justa medida. Nadie podía imaginarlo tan prieto, de no ser porque lo viese desnudo. Tenía la nariz huesuda, no demasiado grande, algo que le daba un aire aburguesado, que contrastaba a la perfección con su particular estilo a la hora de vestir.


-Estás guapa Laura! Que te has hecho?-le dijo Fran.

-Bueno... ya sabes te ponen aquí y en fin exigencias del guión -respondió esta -Pero cuéntame a qué debo este honor? -le preguntó.

-Supe por Ángeles que estabas aquí y no lo pensé dos veces.

-Perdona Fran, tendría que haberte llamado... Pero he necesitado un tiempo para adaptarme y la verdad he estado muy liada. Pero díme, sigues con la fotografía?

-Por supuesto, es mi vida! No sabría hacer otra cosa. Ahora tengo mi propia empresa. Y además hago algunas colaboraciones en publicidad y ese tipo de cosas...

-Cuanto me alegro! Se te ve muy bien.

-La verdad es que sí, me ilusiono con cada proyecto y eso creo que se nota. Se que estás ocupada y no quiero robarte más tiempo. Me invitarás a comer algún día? O no vamos a recuperar aunque sea un poco de los viejos tiempos?


Laura sonrió antes de responder y con una mueca pícara le contestó:

-Cuenta con ello, te llamo yo vale?
















viernes, 31 de agosto de 2007

La edad de Laura




-Espeleología..? Pero qué se me ha perdido a mi en una cueva? Sinceramente Mariola, no me veo...-respondió Laura ante la propuesta de su amiga.

-Te vendría bien hacer algo que rompa con lo que hasta ahora conoces. Estás muy centrada en el trabajo ultimamente y apenas añades ocio a tu vida. Si te parece nos vemos este fin de semana y lo comentamos-replicó su amiga al otro lado del teléfono.


-Mira me estás hablando de un viaje que casi coincide con mi fecha de cumpleaños y me apetecía organizar algo en casa, para los pocos amigos que empiezo a tener aquí. Además este fin de semana vendrá Joan. Precísamente porque para mi cumpleaños no podrá y pretendía darle una sorpresa..., no se algo romántico, tal vez. En los últimos meses ha habido mucha distancia y no sólo me refiero a la física... creo que nos vendría bien.


-Está bien Laura, pero yo lo pensaría todavía faltan tres semanas. Si decides acompañarnos sabes que Roberto estaría encantado. Además he de confesar que fué él quien me animó a llamarte. Tu misma.


-Gracias chata, prometo decirte algo.





Laura llamó por la linea interna de la centralita a su secretaría.


-Martina, cual es para ti el mejor restaurante que hay en el puerto?-le preguntó.


-Hay dos que en mi opinión son los mejores, pero permíteme Laura es algo especial?


-Sí. Me gustaría que además de que tuviera buena comida, fuera bonito-respondió.


-Pues entonces...Hay un sitio en Montjuic que me atrevería a decir no tiene igual, está situado en un lugar espectacular y la terraza es lo mejor...


-Muy bien pues no se hable más. Me podrías hacer tu misma la reserva? Mesa para dos, el sábado a las diez.


-No te preocupes Laura, yo me encargo.


-Gracias Martina.





No tardó mucho tiempo Laura en llamar a su marido, quería sorprenderle y practicamente sólo se interesó por la hora de llegada de este a Barcelona. Esta vez no quiso hablar demasiado con él porque no sospechara nada.



-Llegaré a última hora de la tarde, tomo el vuelo de las siete menos diez supongo que a las ocho aproximadamente estaré en Barcelona.


-LLámame por favor, iré a buscarte. Tengo muchas ganas de verte -le dijo Laura.


-De acuerdo, queda tranquila te aviso nada más llegar al aeropuerto.


-Çiao cariño.



Laura se sentia extraña, notaba dentro de si una especie de revolución. Era una mezcla de nerviosismo con emoción pero a la vez estaba preocupada. Ella y Joan habían perdido mucha comunicación. -Nunca hemos sido especialmente complices, pero al menos sí estabamos mejor, yo me sentía feliz con él, o eso creo. Esta vez hablaremos, tendremos tiempo para nosotros y saldrá bien, sí seguro que saldrá bien- se dijo a sí misma.












martes, 28 de agosto de 2007

La edad de Laura

Tres meses tan sólo habian transcurrido desde que Laura se despidió de su compañera Isabel y nada hacía pensar lo que a partir de entonces le esperaba.


Un día a media mañana su jefe la llamó a su despacho. Desde hacía poco más de un año el departamento de expasión estaba preparando la apertura de una nueva delegación en otra provincia a cuatrocientos kilómetros de distancia. Laura era la elegida para dirigir dicha delegación. Ello suponía un cambio a todos los niveles en su vida, no tenía opción era la única y más preparada para asumir dicha responsabilidad y no podía negarse. Debía trasladarse en breve, cambiaría de domicilio, viviría en otra ciudad sola. Su marido un hombre diez años mayor que ella, químico de profesión, acomodado laboral y económicamente, no estaba dispuesto a acompañarla, al menos por el momento. Tenía su lugar de trabajo en la misma ciudad dónde hasta hoy ambos vivían y consideraba muy arriesgado dejar la empresa para la que trabajaba.

Pronto empezaron los cambios, buscó piso donde instalarse, modificó en la medida en que su nuevo cargo exigía su forma de vestir, se obligaba contrariamente a como a ella le hubiera gustado , a ir dos veves por semana a la peluquería, comenzó a asistir con más asiduidad al gimnasio, ahora debía hacerlo cada mañana, tenía que mejorar su aspecto físico y en consecuencia psíquico. Ello le ayudaba a estar más segura de sí misma y poco a poco fue instalándose en la nueva ciudad y adaptándose a su nueva vida.


Los diez primeros meses fueron los más duros, llegaba muy tarde del despacho. Eso cuando no salía de las contínuas reuniones que su resposabilidad le demandaba o asistía continuamente a cursos de reciclaje profesional que la empresa le proporcionaba. A penas si tenía tiempo para tomar una fruta antes de meterse exahusta en la cama. Pero de forma paulatina consiguió superarse a sí misma y no tardaron mucho tiempo en llegar las primeras felicitaciones.


Al principio hablaba por teléfono casi todos los días, al finalizar la jornada con su marido. -es muy duro esto Joan, pero si la empresa ha depositado esta confianza en mí, no puedo defraudarla y estoy segura que lo conseguiré-, le decía. Pero a medida que efectivamente Laura se iba adaptando a su nuevo medio, las llamadas se iban distanciando una de otra. Hasta el punto que apenas hablaban unos minutos un par de veces por semana.

Tres veces se habian visto Joan y Laura desde que esta última vivía en Barcelona y para Laura ya empezaba a hacérsele muy duro no tener cerca a su marido, especialmente en el fin de semana cuando disponía de más tiempo. Al principio iba al cine, pero odiaba ir sola ni siquiera podía comentar a la salida si le había gustado o no la película. Un par de veces se permitió ir a la ópera ¡qué difícil resultaba conseguir un entrada! y además lloraba como una niña cada vez que acudía de tanto que llegó a emocionarse, pero siempre sin nadie que la acompañara...


-Café? -preguntó el camarero que acudió a su mesa-

-Con leche por favor- ah! y uno de esos bollos si es tan amable-dijo Laura.

-Está bien.


No podía apartar de su cabeza, mientras leía el periódico la noticia que había recibido esta mañana; Angeles su amiga y compañera de facultad, la había llamado. Hacía tres días que había perdido a su bebé en su segundo mes de embarazo y acaba de regresar del hospital, estaba abatida.

-Si lo hubiera sabido antes... Me pregunto porqué Joan no me avisó, tal vez él tampoco sabe nada, tengo que llamarle-se dijo.

-Joan?-No respondió nadie al otro lado del auricular y la llamada se cortó.

Laura volvió a llamar y esta vez colgaron directamente. Pensó en llamar más tarde.

Tan pronto como acabó su desayuno Laura se dirijió al despacho, tenía que entrevistar a un nuevo cantidato , era el aspirante numero seis al puesto de responsable de recursos humanos.


-Veamos!- dijo Laura, ante la nueva figura que tenía frente a ella.-Su curriculum dice que trabajó para Synes, durante diez años, que le hizo abandonar un puesto así?- añadió.

-Verá...no es elegante hablar mal de la empresa en la que acabas de cesar, pero tengo que indicarle que no me valoraban lo suficiente y fui yo quien decidió marcharse- respondió.


-Que espera conseguir en esta empresa? Es bien conocido por todos que el nivel de exigencia y dedicación profesional es máximo. Espero que esté dispuesto a demostrar su interés o por el contrario su presencia aquí, carece de sentido.

-Absolutamente, que no le quepa la menor duda, además estoy solo aquí y ello me permitirá dedicarme por completo a mi trabajo. Tengo grandes deseos de demostrar cuáles son mis aptitudes laborales- dijo.


-Muy bien Sr. Buades, el puesto es suyo.

-Muchas gracias, estoy seguro de que no se arrepentirá.







lunes, 6 de agosto de 2007

Dame diez minutos!!!

Os voy a contar una situación que se me repite cada mañana desde hace por lo menos cuatro años.

Cada día cuando suena el despertador (5 veces por lo menos), porque yo soy de esa gente que necesita que le suene y lo pare, le suene y lo pare y así todos los días hasta que no queda más remedio que levantarse en la última alarma porque si no, lo siguiente ya es quedarse frito y llegar tarde al curro (todavía más tarde!).

Bueno a lo que iba: en cuanto suelto el sobre, cada día lo mismo, la ducha, el desayuno, recoge un poco lo que vas escampando por ahí, te arreglas y entonces lo más duro: despierta al niño!!, que si vamos cariño que hay que levantarse, que te he puesto los dibujitos en el salón para que desayunes allí, que te voy a llevar a casa de la abuelita (en vacaciones se entiende), que si venga que se hace tarde y el niño torrao!! y los minutos allá van corre que te corre y el niño en la cama!! Y tu sigues insistiendo, entonces te abre un ojo y te pregunta, que día es hoy? Y tu... martes, buaaaaaaaa!!!!!! No quiero, me quedo en casaaaaaaa!!!! Y tu de los nervios y el reloj "p'alante"Al final lo coges "de un puñao"(21 kg.) y al baño, que si el pipí, que si lávate las manos y la cara, que venga date pisa, que cierres ya el grifo!
Y venga ya estamos en el salón!! Tómate el colacao, a ver si te lo tomas rápido que ya vamos tarde, y el niño "embobao" en la tele... Vamos tómate el cola... Colacao!!!! Buaaaaaaaa!!! No quería colacao!!!! Hoy quería horchata!! Ahora ya está puesto, tómatelo y mañana horchata.

Y que tienes para dar "bocaos"?

Entonces le preguntas: quieres galletitas? No! Y farton quieres un farton?Una tostada? No, los cereales de Spiderman! Venga los cereales y cada vez más y más tarde!!! Ahora que ya se ha decidido el niño, otro rato para que se lo coma y ya son y media y el niño sin vestir! Porque esa es otra, como lo vistas, se mancha seguro.
Y el pelo, como puede levantarse con esos pelos?Y que te acabes ya el desayuno... De repente miras otra vez el reloj y sin saber porqué ya se te ha hecho tarde!!!! Que si coges el bañador y las chanclas por si la abuelita lo lleva a la playa, que te comas los cereales por el camino... que vamos sal de casa, que baja las escaleras, que si corre vamos y sube al coche y el niño a su ritmo y tu que no puedes ya con tu vida y un calorrrrrrrrrr!!! Si estoy pa ducharme otra vez!!!
Y ahora que se abroche el cinturón y él que espera....con el Dragón Transformer en la mano que no lo quiere soltar y tu saliendo ya a la carretera...

Y por fin llegas a casa de la abuelita y le dejas al niño y el manual de instrucciones y el niño que si espera, que un beso y tu que no llegas y ya te vas y cuando llegas al trabajo sudando, te enchufas el ordenador y no has conectado todavía el aire y te llega el oportuno empleado a pasarte notas, -QUE ME DES DIEZ MINUTOS COOOOOOOÑÑÑÑO!!!! - Es que no ves cómo llego cada día????? -Claro! como tu todo eso te lo ahorras... pues no vienes tu relajao! Un mes te quería yo ver a mi ritmo!!!!!

Y para colmo hay algunos que van y te dicen: -toma 2.500 euros y duplicas la tarea diaria, otros cuatro años, que va el pais muy cortito de habitantes.Menuda gratificación!! A cómo te sale la hora? Pues no ves que no espabilao!! Habría que veros corriendo así cada día hasta que llegais a Las Cortes. Anda que!..


viernes, 3 de agosto de 2007

La edad de Laura

Esa mañana, como casi todas desde hacía más de quince años, Laura iba a trabajar, esta vez con el ánimo puesto en no sabía que parte de su, a estas alturas esmirriada alma, pero siempre de forma inexplicable sacaba el último aliento. Aunque para ello se viera muchas veces obligada a parar en la cuneta de la carretera, a muy pocos kilómetros, escasos me atrevería a decir de su lugar de trabajo. Secaba las lágrimas de su rostro y llegaba, cuando era capaz, con la "mejor sonrisa" que conseguía esbozar. Siempre tratando de mantener la apariencia de que todo en su vida era casi perfecto.

Contaba entonces treinta y tres, la de Cristo, justo la misma que tenía su jefe cuando ella comenzó a trabajar en su empresa. Hay quien díría que de aspecto atractivo, guapita, dirían otros, ¿pero quien decide cómo debe ser la belleza? De mediana estatura para su generación, con el cabello largo, rubio ceniza y el deseo constante de hacerlo domable, que aunque por mucho que ella quería no conseguía librar batalla a la genética, jamás lograba vencer ese pelo demasiado liso para su particular estilo. Los ojos eran de un tono indefinido, -tienes los ojos del color de tu pelo!- le decía siempre su amiga Piluca y ella coqueta, siempre sonreía, como queriendo decir -"eso es que tienen un tono especial"-

Alegre cuando podía, deseaba a todo el mundo los buenos días al llegar a la oficina y comenzaba de forma metódica cada una de las pequeñas tareas rutinarias, siempre por el mismo orden, para no olvidarse de nada, hasta ocupar su mesa de trabajo.

Isabel su compañera más cercana , una mujer nueve años mayor que ella, con la vida resabida, curada de espanto, de vuelta de casi todo, aparentemente muy abierta de mente, pero poco en obra, soltera y con el gesto contínuo en su rostro de "hoy tengo un mal día". Habitualmente llegaba más tarde que ella, pero hoy no. Tenía que ceder su puesto de trabajo en breve, había decidido cambiar de vida, se iba a convertir en funcionaria del estado. Había aprobado una oposición que preparaba desde hacía meses en silencio. Ni siquiera lo había compartido con Laura, cuando ella lo supo, de forma fortuita por un desliz verbal que Isabel cometió, se interesó por el futuro de su compañera y por qué no decirlo por el suyo propio. Estaba tan habituada a ella desde hacía siete años, que no podía imaginar esa plaza ocupada de forma inminente, por otra persona. Se preguntaba qué pasaría a partir de entonces, sería difícil trabajar con alguien por ahora desconocido o tal vez no. A Laura siempre le habían preocupado los cambios, lo nuevo, lo que estaba por llegar. En cierto modo, se sentía responsable del futuro del departamento, era hasta hoy la empleada de mayor antigüedad, lo cual la dotaba de ciertas prioridades y tal vez alguna consideración frente a los demás. Algo que despertaba en Isabel, más reciente su llegada a la empresa pero no por ello menos eficiente y responsable, ciertos celillos profesionales.

Faltaban muy pocos minutos para que Isabel llegase, Laura sabía de su puntualidad, el día antes le había informado que llegaría más pronto de lo habitual. Pero cuando al oir la puerta de entrada a la oficina Laura giró la cabeza, se encontró con otra persona. Era alguien de aspecto joven, pero con porte clásico, demasiado clásico pensó Laura. Usaba gafas, era alto y llevaba los pantalones subidos a medio recorrido entre la cintura y lo que podrían comenzar a ser las axilas. -Debe estar demasiado orgulloso de sus piernas, para lucirlas así, pensó Laura. Eso sí, las manos observó cuan si de un pianista se tratara; con los dedos largos y cuidadosamente perfilados, dispuestas a pasar el más exigente de los casting. Miguel dijo llamarse. Era el nuevo candidato al puesto, superó la entrevista previa y allí estaba dispuesto a quedarse si le gustaba la plaza y mostraba su valía para que la empresa finalmente lo contratara. Laura le invitó a esperar mientras llegaba su compañera, le explicó. Sería ella quien le diera las indicaciones de cómo ocupar el nuevo trabajo.

-¿Vives en esta ciudad, casada?¿Tienes hijos?- preguntó él.

-Demasiadas preguntas para ser tan recien llegado, pensó Laura. Pero con la voz muda intentó justificarle y creyó estará nervioso-

-Sí, respondió finalmente.

-Yo también, continuó Miguel -tengo un niño de dieciocho meses, se llama igual que yo, añadió.