-Te vendría bien hacer algo que rompa con lo que hasta ahora conoces. Estás muy centrada en el trabajo ultimamente y apenas añades ocio a tu vida. Si te parece nos vemos este fin de semana y lo comentamos-replicó su amiga al otro lado del teléfono.
-Mira me estás hablando de un viaje que casi coincide con mi fecha de cumpleaños y me apetecía organizar algo en casa, para los pocos amigos que empiezo a tener aquí. Además este fin de semana vendrá Joan. Precísamente porque para mi cumpleaños no podrá y pretendía darle una sorpresa..., no se algo romántico, tal vez. En los últimos meses ha habido mucha distancia y no sólo me refiero a la física... creo que nos vendría bien.
-Está bien Laura, pero yo lo pensaría todavía faltan tres semanas. Si decides acompañarnos sabes que Roberto estaría encantado. Además he de confesar que fué él quien me animó a llamarte. Tu misma.
-Gracias chata, prometo decirte algo.
Laura llamó por la linea interna de la centralita a su secretaría.
-Martina, cual es para ti el mejor restaurante que hay en el puerto?-le preguntó.
-Hay dos que en mi opinión son los mejores, pero permíteme Laura es algo especial?
-Sí. Me gustaría que además de que tuviera buena comida, fuera bonito-respondió.
-Pues entonces...Hay un sitio en Montjuic que me atrevería a decir no tiene igual, está situado en un lugar espectacular y la terraza es lo mejor...
-Muy bien pues no se hable más. Me podrías hacer tu misma la reserva? Mesa para dos, el sábado a las diez.
-No te preocupes Laura, yo me encargo.
-Gracias Martina.
No tardó mucho tiempo Laura en llamar a su marido, quería sorprenderle y practicamente sólo se interesó por la hora de llegada de este a Barcelona. Esta vez no quiso hablar demasiado con él porque no sospechara nada.
-Llegaré a última hora de la tarde, tomo el vuelo de las siete menos diez supongo que a las ocho aproximadamente estaré en Barcelona.
-LLámame por favor, iré a buscarte. Tengo muchas ganas de verte -le dijo Laura.
-De acuerdo, queda tranquila te aviso nada más llegar al aeropuerto.
-Çiao cariño.
Laura se sentia extraña, notaba dentro de si una especie de revolución. Era una mezcla de nerviosismo con emoción pero a la vez estaba preocupada. Ella y Joan habían perdido mucha comunicación. -Nunca hemos sido especialmente complices, pero al menos sí estabamos mejor, yo me sentía feliz con él, o eso creo. Esta vez hablaremos, tendremos tiempo para nosotros y saldrá bien, sí seguro que saldrá bien- se dijo a sí misma.