Un día a media mañana su jefe la llamó a su despacho. Desde hacía poco más de un año el departamento de expasión estaba preparando la apertura de una nueva delegación en otra provincia a cuatrocientos kilómetros de distancia. Laura era la elegida para dirigir dicha delegación. Ello suponía un cambio a todos los niveles en su vida, no tenía opción era la única y más preparada para asumir dicha responsabilidad y no podía negarse. Debía trasladarse en breve, cambiaría de domicilio, viviría en otra ciudad sola. Su marido un hombre diez años mayor que ella, químico de profesión, acomodado laboral y económicamente, no estaba dispuesto a acompañarla, al menos por el momento. Tenía su lugar de trabajo en la misma ciudad dónde hasta hoy ambos vivían y consideraba muy arriesgado dejar la empresa para la que trabajaba.
Pronto empezaron los cambios, buscó piso donde instalarse, modificó en la medida en que su nuevo cargo exigía su forma de vestir, se obligaba contrariamente a como a ella le hubiera gustado , a ir dos veves por semana a la peluquería, comenzó a asistir con más asiduidad al gimnasio, ahora debía hacerlo cada mañana, tenía que mejorar su aspecto físico y en consecuencia psíquico. Ello le ayudaba a estar más segura de sí misma y poco a poco fue instalándose en la nueva ciudad y adaptándose a su nueva vida.
Los diez primeros meses fueron los más duros, llegaba muy tarde del despacho. Eso cuando no salía de las contínuas reuniones que su resposabilidad le demandaba o asistía continuamente a cursos de reciclaje profesional que la empresa le proporcionaba. A penas si tenía tiempo para tomar una fruta antes de meterse exahusta en la cama. Pero de forma paulatina consiguió superarse a sí misma y no tardaron mucho tiempo en llegar las primeras felicitaciones.
Al principio hablaba por teléfono casi todos los días, al finalizar la jornada con su marido. -es muy duro esto Joan, pero si la empresa ha depositado esta confianza en mí, no puedo defraudarla y estoy segura que lo conseguiré-, le decía. Pero a medida que efectivamente Laura se iba adaptando a su nuevo medio, las llamadas se iban distanciando una de otra. Hasta el punto que apenas hablaban unos minutos un par de veces por semana.
Tres veces se habian visto Joan y Laura desde que esta última vivía en Barcelona y para Laura ya empezaba a hacérsele muy duro no tener cerca a su marido, especialmente en el fin de semana cuando disponía de más tiempo. Al principio iba al cine, pero odiaba ir sola ni siquiera podía comentar a la salida si le había gustado o no la película. Un par de veces se permitió ir a la ópera ¡qué difícil resultaba conseguir un entrada! y además lloraba como una niña cada vez que acudía de tanto que llegó a emocionarse, pero siempre sin nadie que la acompañara...
-Café? -preguntó el camarero que acudió a su mesa-
-Con leche por favor- ah! y uno de esos bollos si es tan amable-dijo Laura.
-Está bien.
No podía apartar de su cabeza, mientras leía el periódico la noticia que había recibido esta mañana; Angeles su amiga y compañera de facultad, la había llamado. Hacía tres días que había perdido a su bebé en su segundo mes de embarazo y acaba de regresar del hospital, estaba abatida.
-Si lo hubiera sabido antes... Me pregunto porqué Joan no me avisó, tal vez él tampoco sabe nada, tengo que llamarle-se dijo.
-Joan?-No respondió nadie al otro lado del auricular y la llamada se cortó.
Tan pronto como acabó su desayuno Laura se dirijió al despacho, tenía que entrevistar a un nuevo cantidato , era el aspirante numero seis al puesto de responsable de recursos humanos.
-Veamos!- dijo Laura, ante la nueva figura que tenía frente a ella.-Su curriculum dice que trabajó para Synes, durante diez años, que le hizo abandonar un puesto así?- añadió.
-Verá...no es elegante hablar mal de la empresa en la que acabas de cesar, pero tengo que indicarle que no me valoraban lo suficiente y fui yo quien decidió marcharse- respondió.
-Que espera conseguir en esta empresa? Es bien conocido por todos que el nivel de exigencia y dedicación profesional es máximo. Espero que esté dispuesto a demostrar su interés o por el contrario su presencia aquí, carece de sentido.
-Absolutamente, que no le quepa la menor duda, además estoy solo aquí y ello me permitirá dedicarme por completo a mi trabajo. Tengo grandes deseos de demostrar cuáles son mis aptitudes laborales- dijo.
-Muy bien Sr. Buades, el puesto es suyo.
-Muchas gracias, estoy seguro de que no se arrepentirá.
4 comentarios:
Pues que me he enganchao!! por favor, no me dejes sin la continuación de la historia!!!
En cuanto a saber la identidad real del monstruito...pues no lo tengo del todo claro, andaba yo con el Acostao investigando pero éste estaba hace un par de semanas mas despistao que un burro en un garaje.
En fin, que sepa o no quién eres, te seguiré leyendo, porque escribes mu bien y este blog promete....
Ay que ver Edén! Con ánimos como esos cualquiera no sigue la historia. Chica la moral por las nubes!
La intención es darle continuidad. Pero insisto paciencia conmigo que se me tienen que ocurrir cosas...
Que me está gustando a mi este jueguecito!! Cuando tu me digas me chivo eh?
Besito.Támbién para Lucía.
Joer, precioso monstruo, chívate cuando quieras que tengo la curiosidad que echa chispas, si hace falta sobonnnnarte, estoy dispuesta :-DD
Que no! Que es más "fácil" que todo eso...
Tu te acuerdas del "cocina"?...
Pues yo soy "el pinche"...Que total ni pincho, ni corto, ni na, je,je.
Ale que yo también "m'alegro"!!
Besito.
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